domingo, 12 de junio de 2011

Morir en domingo



Es domingo de finales del otoño por estos sures y la mañana cae displicente sobre todo lo creado. Hasta parece que los pájaros decidieron hoy levantarse más tarde, ni sus trinos se oyen, sólo escucho el sordo rumor de mi computadora que me avisa que debo despertarme más porque yo también estoy aún un poco somnolienta.
 No sé que rara mezcla de sentimiento de esclavitud y responsabilidad a duras penas tienen estos domingos tan próximos al indeseable lunes que se abate sobre los cuerpos activos de una manera tenebrosa.
 El domingo anuncia el fin de lo bueno que tiene para cada uno... vivir, el fin de la libertad, el final del  placer mismo de existir  y el de la placidez y ensoñación del sábado. 
Con el domingo a veces... pareciera que se termina la vida.
Nací un sábado... me gustaría morir en domingo...

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